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La
historia de Blamar, una casa para lombrices
Un
cuento de Norma Raspeño
Yo soy la Lombricita
aventurera.
Un buen día decidí viajar, me embarqué, llegué a la
aduana de un país del norte y... ¿sabe ustedes cómo
es cuando se llega a un aeropuerto?...
Me hicieron entrar en una sala. Yo pensé: estos señores
se creerán que yo traigo contrabando... Pero no traje
nada... ¡Ni siquiera llevaba valija, sólo mi mochila
del colegio!
Entonces empezaron a mirarme, ¡oh, qué miedo!...
De repente vi que me miraban con tanto interés que
aunque no se me fue todo el susto, me tranquilicé:
era obvio que encontraron en mí algo muy especial.
Como se imaginarán, me
puse colorada, busqué la oscuridad por lo tímida que
soy y desde ese momento empezaron a llamarme Eisenia
Foetida... ¡yo no sabía cómo decirles que en casa
y mis amigos me llaman Lombriz Roja Californiana!
Como se podrán imaginar, yo quise preguntarles por sus
nombres: me los dijeron, pero yo no sabía que en otros
países hablan otros idiomas, así que no los había
estudiado y no pude preguntar.
De
repente... ¡qué alegre me puse al oír que alguien
hablaba mi mismo idioma! Me acerqué y ella, que era muy
estudiosa, nos ayudó a entendernos. Entonces le pude
contar algunas cosas sobre mí:
que soy hermafrodita, o sea que la naturaleza me dotó
de condiciones especiales para mi procreación. También
que pongo un huevito muy pequeño llamado
"cocon" y cuyo tiempo de incubación es de
entre 15 y 20 días. Lo más curioso acerca de este
huevito es que no necesita de mi cuidado personal. De
allí suelen salir entre 5 y 20 lombricitas, todas ellas
muy chiquititas, blancas cuando son recién nacidas,
rosadas cuando comienzan a crecer, y rojas al llegar a
ser adultas cuando, como yo, "se ponen
coloradas".
Como no les bastaba lo
que yo les contaba, me midieron y sacaron la cuenta de
que cuando llegara a adulta, a los tres meses de edad,
mediría entre 7 y 8 cm. Y que si las condiciones en las
que vivo son buenas, puedo llegar a ser abuelita, porque
llegaré a vivir hasta 16 años. Por lo pequeña que
soy... ¡es un montón de tiempo!
Se asombraron cuando se dieron cuenta de que tengo cinco
hígados y cinco corazones, ¿ustedes qué piensan?...
¿será ese motivo el que me hace tan buena?... ¿sabe cómo
se miraron con asombro entre ellos cuando notaron que yo
respiro a través de mi piel?...
Esta vez me tocó a mí
hacer que se asusten: mientras me revisaban, estaban tan
entusiasmados por conocerme y averiguar cosas nuevas
sobre mí que encendieron una lámpara ultravioleta...
¡ay! ¡me sentí tan descompuesta pero pronto, por
suerte, se dieron cuenta de que los rayos ultravioletas
(como algunos de los que irradia el sol) me dañan: mi
piel se seca y comienzo a ahogarme, ¿recuerdan que les
conté que respiro por mi piel?
Revisaron también mi boquita y vieron que no tengo
dientes. Después de esto ¿cómo no iban a preguntarme
por mis hábitos culinarios?
¡Cuántas cosas empecé a contarles! ¡ya parecía más
un loro que una lombriz!... Como cosas que nadie más
comería. Creo que la madre Naturaleza nos creó
pensando en no perder tontamente lo que las personas
desechan: pedacitos de comida que sobran para mí son un
festín. Y si no lo creen: prueben dármelo de comer...
me gusta también (y no se caigan de la silla por la
sorpresa) el aserrín, papeles, la yerba que queda del
mate, la borra del café... ¡mmmh qué rico me resulta
todo eso!
Pero hay una sola condición para que lo pueda comer:
todo debe estar muy mojado porque... ¿recuerdan
que ya les conté que no tengo dientes? La comida que me
sirvan debe estar bien humedecida, para eso necesito que
le echen agua todos los días, para no tener dolor de
panza.
En el campo, la comida
que más me gusta es el estiércol que dejan los
animales y todo lo que entró en descomposición. Estas
cosas que a nadie le gustan yo las como con agrado y las
devuelvo a la tierra en forma de abono, que sirve para
nutrir las plantas y mejorar el suelo. De este modo,
cuando es mezclado con la tierra del campo, mejora la
calidad de lo que luego se vaya a sembrar.
Les comento que el abono que yo produzco no sólo
fortalece a la tierra sino que también la ayuda a no
endurecerse y a que el agua de lluvia o de riego pueda
llegar de este modo a las raíces de la planta, haciendo
menor gasto de agua y de trabajo.
Como ustedes se darán
cuenta, me pidieron que me quedara; me ofrecieron una
linda casa y rica comida, cosa con la que casi me
convencen, pero... ¿qué quieren que les diga?, al
darme cuenta de todo lo que puedo mejorar pensé; es
mejor hacerlo en mi lindo país, quiero ayudar a los niños
a cuidar las plantas... en los balcones de sus casas;
alegrar los jardines con mejor césped y árboles, para
que sean más felices jugando con sus mascotas.
Y como soy aventurera,
también iré a conocer a las Lombricitas que viven en
el campo. Les contaré todo lo que podemos hacer por la
tierra, para que ellas les digan a los niños vecinos cómo
mejorar la huerta de su casa, y contarles que las frutas
y verduras –si fueron abonadas con lo que nosotras
producimos– serán más saludables, ya que algunos
productos químicos serán innecesarios.
Espero que siempre tengan presente que tengo cinco
corazones, y por eso quiero a mis amigos siempre sanos.
¡Qué suerte!... por
fin se descuidaron estos señores y me volví a
embarcar, ya estoy de nuevo en mi lindo país.
¿Qué es Blamar?
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