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  VIDA RURAL - OTROS  
  LA LOMBRIZ AVENTURERA ENCUENTRA UNA CASITA  
 
18/10/2000 -

La historia de Blamar, una casa para lombrices
Un cuento de Norma Raspeño

Yo soy la Lombricita aventurera.
Un buen día decidí viajar, me embarqué, llegué a la aduana de un país del norte y... ¿sabe ustedes cómo es cuando se llega a un aeropuerto?...
Me hicieron entrar en una sala. Yo pensé: estos señores se creerán que yo traigo contrabando... Pero no traje nada... ¡Ni siquiera llevaba valija, sólo mi mochila del colegio!
Entonces empezaron a mirarme, ¡oh, qué miedo!...
De repente vi que me miraban con tanto interés que aunque  no se me fue todo el susto, me tranquilicé: era obvio que encontraron en mí algo muy especial.

Como se imaginarán, me puse colorada, busqué la oscuridad por lo tímida que soy y desde ese momento empezaron a llamarme Eisenia Foetida... ¡yo no sabía cómo decirles que en casa y mis amigos me llaman Lombriz Roja Californiana!
Como se podrán imaginar, yo quise preguntarles por sus nombres: me los dijeron, pero yo no sabía que en otros países hablan otros idiomas, así que no los había estudiado y no pude preguntar.

De repente... ¡qué alegre me puse al oír que alguien hablaba mi mismo idioma! Me acerqué y ella, que era muy estudiosa, nos ayudó a entendernos. Entonces le pude contar algunas cosas sobre mí:
que soy hermafrodita, o sea que la naturaleza me dotó de condiciones especiales para mi procreación. También que pongo un huevito muy pequeño llamado "cocon" y cuyo tiempo de incubación es de entre 15 y 20 días. Lo más curioso acerca de este huevito es que no necesita de mi cuidado personal. De allí suelen salir entre 5 y 20 lombricitas, todas ellas muy chiquititas, blancas cuando son recién nacidas, rosadas cuando comienzan a crecer, y rojas al llegar a ser adultas cuando, como yo, "se ponen coloradas".

Como no les bastaba lo que yo les contaba, me midieron y sacaron la cuenta de que cuando llegara a adulta, a los tres meses de edad, mediría entre 7 y 8 cm. Y que si las condiciones en las que vivo son buenas, puedo llegar a ser abuelita, porque llegaré a vivir hasta 16 años. Por lo pequeña que soy... ¡es un montón de tiempo!
Se asombraron cuando se dieron cuenta de que tengo cinco hígados y cinco corazones, ¿ustedes qué piensan?... ¿será ese motivo el que me hace tan buena?... ¿sabe cómo se miraron con asombro entre ellos cuando notaron que yo respiro a través de mi piel?...

Esta vez me tocó a mí hacer que se asusten: mientras me revisaban, estaban tan entusiasmados por conocerme y averiguar cosas nuevas sobre mí que encendieron una lámpara ultravioleta... ¡ay! ¡me sentí tan descompuesta pero pronto, por suerte, se dieron cuenta de que los rayos ultravioletas (como algunos de los que irradia el sol) me dañan: mi piel se seca y comienzo a ahogarme, ¿recuerdan que les conté que respiro por mi piel?
Revisaron también mi boquita y vieron que no tengo dientes. Después de esto ¿cómo no iban a preguntarme por mis hábitos culinarios?
¡Cuántas cosas empecé a contarles! ¡ya parecía más un loro que una lombriz!... Como cosas que nadie más comería. Creo que la madre Naturaleza nos creó pensando en no perder tontamente lo que las personas desechan: pedacitos de comida que sobran para mí son un festín. Y si no lo creen: prueben dármelo de comer... me gusta también (y no se caigan de la silla por la sorpresa) el aserrín, papeles, la yerba que queda del mate, la borra del café... ¡mmmh qué rico me resulta todo eso!
Pero hay una sola condición para que lo pueda comer: todo debe estar muy mojado porque... ¿recuerdan que ya les conté que no tengo dientes? La comida que me sirvan debe estar bien humedecida, para eso necesito que le echen agua todos los días, para no tener dolor de panza.

En el campo, la comida que más me gusta es el estiércol que dejan los animales y todo lo que entró en descomposición. Estas cosas que a nadie le gustan yo las como con agrado y las devuelvo a la tierra en forma de abono, que sirve para nutrir las plantas y mejorar el suelo. De este modo, cuando es mezclado con la tierra del campo, mejora la calidad de lo que luego se vaya a sembrar.
Les comento que el abono que yo produzco no sólo fortalece a la tierra sino que también la ayuda a no endurecerse y a que el agua de lluvia o de riego pueda llegar de este modo a las raíces de la planta, haciendo menor gasto de agua y de trabajo.

Como ustedes se darán cuenta, me pidieron que me quedara; me ofrecieron una linda casa y rica comida, cosa con la que casi me convencen, pero... ¿qué quieren que les diga?, al darme cuenta de todo lo que puedo mejorar pensé; es mejor hacerlo en mi lindo país, quiero ayudar a los niños a cuidar las plantas... en los balcones de sus casas; alegrar los jardines con mejor césped y árboles, para que sean más felices jugando con sus mascotas.

Y como soy aventurera, también iré a conocer a las Lombricitas que viven en el campo. Les contaré todo lo que podemos hacer por la tierra, para que ellas les digan a los niños vecinos cómo mejorar la huerta de su casa, y contarles que las frutas y verduras –si fueron abonadas con lo que nosotras producimos– serán más saludables, ya que algunos productos químicos serán innecesarios.
Espero que siempre tengan presente que tengo cinco corazones, y por eso quiero a mis amigos siempre sanos.

¡Qué suerte!... por fin se descuidaron estos señores y me volví a embarcar, ya estoy de nuevo en mi lindo país.

¿Qué es Blamar?



 




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